Me tomó casi una hora cruzar toda la ciudad en mi coche ese Sábado por la tarde para llegar a la cita que habíamos acordado aquella misteriosa amiga y yo. Salí de casa con mucho tiempo de anticipación pues no quería llegar tarde a la primera cita, decía yo primera cita porque en realidad pensaba que esto podría ser sólo el comienzo de una buena relación ya que hacía mucho tiempo que no salía con ninguna chica, yo venía de una relación muy accidentada que había terminado unos meses atrás y nada me había motivado a iniciar una nueva relación porque no me sentía preparado como para un nuevo compromiso.
Yo trabajaba en una empresa que vendía artículos para oficina, laboraba en el departamento de servicio al cliente y pasaba mucho tiempo en el teléfono con diferentes clientes pero entre todos esos clientes había una chica en especial a la cual llevaba tiempo brindando el servicio puesto que ella nos compraba artículos para la compañía donde laboraba, ella era especial para mí porque su voz era tan suave y tan sensual que cualquiera que la escuchara caería rendido a sus pies sólo con escuchar el tono de su voz, yo disfrutaba mucho el hablar con ella y después de semanas de estar en contacto vía telefónica con ella pasamos de los temas laborales a hablar de cosas personales y pues sólo hablábamos por teléfono de hecho nos llamábamos a nuestras casas después de horas de trabajo para seguir platicando, ya nos habíamos hecho muy buenos amigos y hasta empezábamos a sentir cierto afecto el uno por el otro. Un buen día después de hablar por casi dos horas por teléfono decidimos dar el siguiente paso que era conocernos en persona y acordamos vernos el Sábado por la tarde, ella me dio su dirección y me dijo: pasa por mí a las siete de la tarde y no se te olvide, se puntual.
Después de manejar por más de cuarenta y cinco minutos al fin ahí me encontraba frente a su casa, estacioné el coche dos casas después de la de ella pues quería hacer un poco más de tiempo para llegar exactamente a las siete, miré el reloj del radio del coche el cual marcaba las seis cincuenta y cuatro de la tarde y decidí esperar en el coche unos minutos hasta las siete, de repente empecé a experimentar un extraño cosquilleo en el estómago como cuando un quinceañero va a su primera cita, las manos comenzaron a sudarme y el estómago cada vez se me hacía más pequeño y sentía un tipo de ansiedad, traté de tranquilizarme y de buscar una explicación lógica para esto que me estaba pasando, me concentré y pensé: ' ¿qué es lo peor que puede pasar?... que llamé a su puerta y aquella hermosa y sensual voz en realidad no sea la bella mujer que he estado imaginando los últimos cuatro meses que era el tiempo que llevaba hablando con Rocío por teléfono hasta hoy que habíamos decidido conocernos, recordé de pronto las experiencias vividas por algunos de mis amigos que habían acudido a citas a ciegas y en casi todos los casos mis amigos habían encontrado a mujeres que no habían sido de su agrado y pensé que tal vez eso mismo me iba a pasar hoy, volví a mirar el reloj y la hora había llegado, el reloj marcaba las seis cincuenta y nueve me encontraba a un minuto de descubrir a esa misteriosa mujer, me sentía cual caballero de cuento de princesas que llega en su imponente corcel negro al castillo que es celosamente vigilado por el dragón comehombres y donde se encuentra la princesa que debe ser rescatada por su amado caballero y yo pensaba que tal vez detrás de la puerta lo que encontraría sería un dragón con voz de ángel, así que caminé hasta la puerta y accioné el timbre prefería acabar con esto lo más pronto posible, de pronto mi cerebro tuvo una reacción relámpago y pensé dos cosas: Plan A, si es el dragón el que abriera la puerta en cuestión de minutos encontraré una excusa y me marcharé y nada habrá pasado sólo seré parte de las estadísticas de las citas a ciegas y plan B, si encuentro... y no había terminado de articular el plan B cuando se abrió la puerta y aquella sensual voz se escuchó...
--¿Fernando?
--A lo que contesté: ¿Rocío?
--Sí, hola ¿Cómo estás?
--Yo muy bien ¿y tú? Yo pensaba, estúpido lo que se ve no se pregunta, de pronto todos mis temores desaparecieron, había encontrado a la princesa del cuento, era mejor de lo que yo había pensado, Rocío era bellísima, tenía el cabello oscuro y un poco rizado, su piel era muy blanca y esa sonrisa tan linda que adornaba ese rostro angelical, por si eso fuera poco, llevaba puesta un falda corta un poco más arriba de la rodilla, una blusa blanca de botones, sus piernas estaban maquilladas con unas medias negras que hacían lucir más el tono blanquizo de sus piernas, un par de zapatos de tacón los cuales la hacían lucir unas pantorrillas de ensueño, era la mujer más hermosa que yo había visto en toda mi vida.
--¿Gustas pasar? Preguntó ella
--¡Claro! Contesté... ¿pasar? Me podría quedar a vivir con ella el resto de mi vida, pensaba yo.
--¡Y bien Fernando al fin nos conocemos, no eres tan diferente de como te imaginaba!
--¡¡En serio!! Contesté y recordé al dragón en el castillo y me pregunté qué habrá pensado ella de mí antes de conocerme, y pregunté.
--¿Y cómo me habías imaginado?
--Así, más o menos como eres, ven pasa al estudio. ¿Gustas algo de tomar?
--Sí, por supuesto lo mismo que tú, ¡gracias! cuando en realidad a la que quería tomar era a ella y comérmela a besos.
Unos minutos después regresó con una charola y con un par de vasos de limonada con hielo y puso la charola sobre un escritorio de madera rústica, ella se fue a la parte de atrás del escritorio donde estaba la silla del escritorio y sacó de un cajón una cámara de esas de fotos instantáneas y me dijo: Ven tómame una foto al tiempo que me daba la cámara y las instrucciones de cómo accionarla para fotografiarla, ella sacó la silla de debajo del escritorio y la giró hacia donde yo estaba luego se sentó lentamente y acomodó su cabello sobre el respaldo de la silla al tiempo que cruzaba sus hermosas piernas al sentarse, luego me dijo: ¿listo? ya puedes tomarla. Yo estaba casi paralizado al verla como se movía con tanta naturalidad como si estuviera con alguien de toda su confianza, al fin presioné el botón y sólo se escuchó un 'click' toda su belleza había quedado plasmada con ese resplandor de luz. Luego yo caminé hacia el frente del escritorio y ella por el otro lado del escritorio caminó hacia el mismo lugar que yo hasta quedar uno enfrente del otro, le entregué su cámara y ella al tomarla y y al sentir el roce de nuestros dedos nuestras manos se quedaron juntas y no se soltaron. Ella puso la cámara sobre el escritorio mientras yo jugueteaba con sus manos de pronto estábamos cada vez más cerca el uno del otro, nuestras miradas chocaban y se hipnotizaban, mientras mis brazos rodeaban su cintura y nuestros labios se buscaban con tanta ansia pero con cierta cautela que era difícil pronunciar palabra alguna, hasta que nuestros labios hicieron contacto y nos fundimos en un beso lleno de pasión, ella intentó sentarse sobre el escritorio y yo tomándola de la cintura le ayudé a llegar a su objetivo, mis manos traviesas fueron desabrochando uno por uno cada botón de su blusa hasta hacerla caer, ella hacía lo propio con mi camisa, luego mis manos libraban una batalla contra el broche de su sostén al cual después de sus unos segundos derrotarían para liberar ese par de hermosos senos que no dudé en acariciar, en la habitación se respiraba un ambiente de pasión y deseo que emanaba de dos cuerpos que estaban dispuestos a llegar hasta el final. Después de unos minutos mis manos enloquecidas de pasión fueron tras esas medias negras que suavemente fueron retirando poco a poco y ella con un simple movimiento de sus pies dejó caer esos zapatos de tacón que me habían encantado, acto seguido las medias cayeron sobre sus zapatos, mis pantaloncillos y mi ropa interior también se encontraban sobre la alfombra de aquel estudio que estaba a media luz, ambiente propicio para un encuentro como el que Rocío y yo estábamos teniendo, sólo faltaba una pequeña barrera que derribar para que mi humanidad pudiera entrar a ese paraíso tan deseado, así que de nuevo ordené a mis manos que retirarán esa prenda de algodón que impedía el paso, ya que su falda no era más que un adorno en su cintura. Rocío y yo nos encontrábamos ebrios de pasión y locos de ganas de sentirnos, nos deseábamos. Entonces ya completamente sin nada que nos impidiera dar rienda dar suelta a nuestras más bajas pasiones me fui acercando lentamente hacia ella y sus piernas se fueron separando cada vez más una de otra, yo podía ir sintiendo la humedad entre sus piernas, hasta llegar a ese paraíso que yo llenaba con mi ser, luego nos fundimos en un fuerte abrazo, podíamos sentir el palpitar de nuestros corazones hasta que esas dos personas en esa habitación enloquecidas por la pasión y el deseo se convertían en una sola.
Días después de haber estado en casa de Rocío y de volver al trabajo ella no volvió a llamarme por teléfono y yo la buscaba y no la podía encontrar, dejé que pasaran unos días pensando en que ella al igual que yo se sentía confundida por lo ocurrido, al paso de los días intenté hablar con ella pero no la encontraba ni en su trabajo ni en su casa, preocupado por semejante situación decidí ir a su casa a buscarla en varias ocasiones y tampoco tuve éxito, cada día que pasaba mi angustia se hacía mayor y me invadía una ansiedad que no podía explicar, así pasaron días, meses, descuidé mi trabajo por estar pensando en qué habría pasado con ella, mi aspecto se fue deteriorando poco a poco a tal punto que en el trabajo me suspendieron, y yo estaba al borde de la locura y esa ansiedad me comía por dentro, mi casa estaba de cabeza pasaba horas pegado a la computadora y al teléfono imaginando que en cualquier momento podía sonar o que recibiría un correo electrónico de ella, como tantos que me mandó antes de esa cita. Un día de verano por la mañana casi al cumplirse un año de aquella cita, me despertó el cartero que llamaba a mi puerta, me entregó un sobre blanco, yo que me encontraba medio adormecido por la cruda de la borrachera que me había puesto la noche anterior, no asocié de quién fuera esa carta la cual no traía remitente, al abrirla encontré una sola hoja y un pequeño párrafo que decía: 'No puedo explicarte nada sólo discúlpame por esto y decirte que la semilla que sembraste en mí ha florecido, trata de olvidarme que yo siempre te recordaré' Te amo, Rocío... me quedé congelado ante aquellas palabras y corrí desesperado tras el cartero, necesitaba información para conocer el paradero de Rocío pero el cartero nada me pudo decir revisamos el sobre y no tenía remitente ni pista alguna de donde provenía dicha carta.
Hace ya varios años que vivo esperando noticias de ella y de mi hijo o hija, mi vida es un infierno, vivo angustiado, finalmente perdí mi trabajo, caí en las redes del alcoholismo, tengo crisis por las noche por falta de droga, no puedo dormir y estoy más solo que nunca, lo único que tengo de ella es aquella fotografía que le tomé esa tarde de verano en su casa cuando ella me hizo el hombre más feliz del mundo y al día siguiente me hizo el hombre más desgraciado del mundo.
O.C 04/19/07